28/07/09 - Biología
¿Descerebrado? La avispa marina

Los humanos estamos convencidos que sin cerebro no funciona nada. En los libros de texto vemos la muy bonita sucesión que va desde las células nerviosas más simples hasta nuestra materia gris altamente desarrollada pasando por cuerdas de neuronas y ganglios. Cuanto más simple sea el sistema nervioso, más primitivo tiene que ser el animal en cuestión y por ende también sus capacidades. Una historia similar lo encontramos en los órganos de visión que van desde células sensibles a la luz hasta nuestros ojos altamente desarrollados. Entonces ¿Somos la corona de la creación?
Hay algunos indicios que ponen este positivismo en entredicho. Un ejemplo es la avispa marina (Chironex fleckeri). Se trata del animal más venenoso de la tierra. Siendo cazador tiene que matar la presa lo antes posible, sin que ella pudiese escapar ni dañar los tentáculos. Un encuentro con la avispa del mar suele ser mortal, ya que guarda en sus nematocistos bastante veneno para matar hasta a 250 seres humanos. En caso del contacto con sus nematocistos el veneno llega en el momento a la sangre y paraliza la musculatura, la respiración y el corazón. Menos mal que estos tropezones no son muy frecuentes. Esto se debe a que este animal reconoce objetos grandes y los esquiva con suma habilidad. Como cazador tiene que ver y observar a la posible presa. Con este fin está provisto con 24 ojos, 16 de los cuales son simples manchas ocelares mientras los restantes 8 son ojos muy evolucionados con lente similar a los nuestros. Parce inconcebible que se puede procesar la información visual sin la ayuda de un sistema nervioso central y un cerebro. Las habilidades del la avispa marina y de las cubomedusas, familia a la cual pertenece, en general son más que impresionantes. Mediante finas cuerdas de células musculares pueden mover y enfocar los ojos. Reaccionan a la luz de un solo cerillo encendido que se encuentra a 150 centímetros de distancia. En Mindanao 25 individuos de chironex cudrigatus fueron atraídos por una lámpara submarina de 50 vatios. Ellos evitaron quedarse enredados o entrelazados con sus tenáculos de más de 2 metros de longitud. Por este hecho se deduce que incluso se reconocen entre ellos y perciben la presencia de sus congéneres. La respuesta a estas facultades sensoriales reside en la interconexión nerviosa. En el anillo nervioso circular se encuentran unos nodos neuronales. Aparentemente es siempre el nodo más cerca que se convierte en principal. Sin embargo si este falla, por ejemplo a causa de una lesión, es el próximo que se encarga de la tarea. Solamente por este sistema de coordinación se posibilitan hazañas como el nadar direccionado con 9 km/h, más rápido que nuestro record mundial.
Hay que ser cauto si uno habla de descerebrado.

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