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26/01/08 - Música Economía
El negocio con los autores

Con el invento de la imprenta por Gutenberg empezó todo. De repente era posible disponer de una apreciable cantidad de copias de una obra. Pero ¿quién cobra? ¿El autor o el impresor? La cosa se complicaba con la figura del editor que compraba la obra al autor por un precio fijo. En la música pasaba una cosa similar. Hasta los albores del siglo XIX el músico tocaba SU música, era sobre todo músico – artesano. Bach y Händel escribían sus obras para ocasiones concretas, no para la eternidad. Pero la burguesía naciente descubrió al genio que se puede comercializar: nació el compositor que únicamente escribía su música para que la tocasen otra gente. Claro, había que cobrar de alguna manera y de ahí surgen las sociedades de los autores a finales del siglo XIX, en Alemania impulsado por Richard Strauss. Con la llegada de los medios de reproducción mecánica primero y electrónica después se complica el asunto. Existen por lo menos tres clases de músicos: los unos componen exclusivamente, otros interpretan música compuesta por autores ajenos y los terceros finalmente tocan su propia música. Los primeros quieren vivir de su música sin tocarla y defienden los derechos de autor, los segundos, en vez de pagar al autor de las obras que tocan, transfieren esta responsabilidad al público y los terceros siguen tocando su música sin preocuparse demasiado …hasta ahora.

En los tiempos actuales hay cada vez más vividores que se aprovechan de la legislación creada en su tiempo se para proteger a los compositores de verdad. Se montan historias como “Operación Triunfo” o "Eurovisón Song Contest" y los que realmente se forran son los autores de estas canciones ¿musicales? interpretadas por meras marionetas que encima se creen artistas. Se fabrican bandas sonoras para películas porno, (“Non Olet” ya dijo Vespasiano) lo cual augura unos royalties descomunales por cuatro acordes suaves mezclados con aaahs y ooohs. ¿Y, por qué está la SGAE empeñado junto con el COE de poner unas letras al himno nacional? ¡Vaya chollo los derechos de autor cuando todo un estadio rebosante canta una canción sujeta a tasas que transmite por televisión, si es posible mundialmente!

Si todo esto no fuese bastante, las sociedades de autores suelen brillar por su poca o ninguna transparencia. En la GEMA alemana menos que el 10% de sus socios reciben alrededor del 70% de los pagos ¡de la española no se sabe ni esto! No quieren que se conozcan sus negocios de verdad, pero si insistan en gozar del estatus de “Sin ánimo de lucro”. Además han logrado que se vulnere con el visto bueno de los políticos la presunción de inocencia, ya que hay demonstrar que una obra NO esté cedida a una sociedad de autores.

Sin embargo a la zaga del software libre tipo “GNU General Public License (GPL)” y del movimiento copyleft surgieron también licencias para la libre distribución y ejecución de música. La más conocida es “Creative Commons”. Cada vez hay más músicos que se escapan de la tutela y de la explotación indirecta de estos imperios financieros. La obligación de pertenecer a un gremio está abolida en la mayoría de los casos por el derecho del libre ejercicio de la profesión. La lucha ha empezado y las sociedades de autor no se rendirán fácilmente, demasiado suculento es el pastel para ellos. Así no es posible para un músico que tuviese un contrato con una de ellas cambiar a la licencia libre, pues en el momento de ceder los derechos a una sociedad de autores, lo hace para TODAS sus obras de TODA su vida. No obstante los tiempos se cambian como demuestra la Sentencia nº 15/2006 Juzgado de Primera Instancia nº 6 de Badajoz.

Yo, por mi parte, he decidido poner mis obras musicales bajo el amparo de creative commons y él que quiere puede bajarlas sin remordimientos de mi página: www.gerhardilli.com.

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