30/07/08 - Antropología Política
El poder de las palabras
Nuestro pensar se basa normalmente en el manejo de conceptos. Obviamente para ello no usamos las cosas reales, sino imágenes mentales que representan al mundo que nos rodea. Existe claramente el peligro que con el tiempo estos reflejos se tornan más reales que su origen. Se separan de su prototipo y empiezan a adquirir una vida propia. Algunas veces nos damos cuenta del abismo que separa nuestra percepción de la realidad, en otras ocasiones no nos enteramos de diferencia, sobre todo si se trata de conceptos abstractos o de difícil entender. Esta circunstancia aprovechan muy a menudo los mandamases de cualquier índole para manipularnos a su antojo. Veamos algunos ejemplos:
Democracia viene del griego y quiere decir poder del pueblo. En su origen ateniense los hombres libres de la ciudad se reunieron 40 veces al año en el ágora (plaza del mercado) para decidir casi todos los asuntos de gobierno de la ciudad. Hoy en día la palabra se ha vaciado de su contenido original y se usa para designar un sistema político muy distinto. En las “democracias” actuales, el único derecho del pueblo es elegir entre una o varias listas confeccionadas de antemano. Este sistema se asemeja bastante a lo que los romanos llamaron “res pública” (=cosa pública) ya que ellos tenían ya políticos representantes del pueblo. El colmo de engaño constituyeron los antiguos dictaduras comunistas con su nombre de ¡“República democrática popular”!
Durante mucho tiempo los estados europeos tenían un ministerio de la guerra, nombre muy apropiado dada la finalidad de tal departamento gubernamental. Pero después de la segunda guerra mundial, la carta de las Naciones Unidas permitió el uso de las fuerzas armadas únicamente para la defensa. Consecuentemente se cambió ese nombre en el de Ministerio de la Defensa. La pregunta es ¿Cómo hay que calificar todos los actos de agresiones cometidos por los diferentes estados desde entonces? ¿Qué pinta un ministro de defensa en la invasión de Afganistán (rusos y americanos), Irak, Correa (americanos y chinos), Tíbet, Chipre, Líbano ….
Las tan de moda “energías renovables” ejemplifican otro de estos engaños a conciencia. La energía se usa convirtiéndola sea en otra forma de energía o en trabajo (el trabajo es solamente una forma de conversión de energía). Sin embargo no se puede gastar ni crear. La ley de la conservación de la energía constituye el primer principio de la termodinámica y afirma que la cantidad total de energía en cualquier sistema aislado (sin interacción con ningún otro sistema) permanece invariable con el tiempo, aunque dicha energía puede transformarse en otra forma de energía. En resumen, la ley de la conservación de la energía afirma que la energía no puede crearse ni destruirse, sólo se puede cambiar de una forma a otra. Masa y energía son según la famosa fórmula de Albert Einstein E=mc2 dos caras de la misma cosa. El sol radia tanta energía porque al fusionarse cuatro átomos de hidrógeno en uno de helio se pierde algo de masa que según la ley arriba citada se transforma en energía. De esta manera el sol genera cada segundo 3,7 × 1026 W convirtiendo 564 millones toneladas de hidrógeno en 560 millones toneladas de helio. El universo es un sistema cerrado, la energía no se puede crear ni aniquilar energía, únicamente cambia su forma como sucedió después del Big Bang cuando la energía primordial empezó a materializarse en estrellas y galaxias. ¡A pesar de las evidencias físicas, la gente insiste que existe un tipo de energía que sea renovable!
Otro tipo de engaño consiste en enmascarar un concepto con una abreviación. Nadie que escucha OTAN sospecha que detrás de esta palabra se esconde Organización del Tratado del Atlántico Norte. Si el personal lo entendiese, más que uno se preguntaría: ¿Y qué pintan los griegos, italianos y turcos en esta organización? ¿Desde cuándo Afganistán cae en la órbita del Atlántico del Norte?
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